Santino, llegaste.
- Dicen que parte del amor es el arte de lo imprevisto, y así, Santino lo tenía previsto en una de sus primeras travesuras de infante.
Era muy temprano cuando nos asomamos a la clínica por
una situación controvertida durante la madrugada, Santino no quería moverse,
reposaba o se hacia el desentendido para generar preocupaciones o alarmar a los
misterios próximos a su llegada; sin embargo, existe la opción acertada que
pugna por una rebeldía, por unas ganas de querer, de una vez, conocer el mundo
que tanto imagina al ritmo de las palabras que le cuenta en verso su padre. Debido
a ello, estacionados en el asiento de la clínica, a la espera del llamado de la
doctora, con más carisma que antes, ninguno de los dos, ni ella o yo, pensábamos
en algo que podría suceder, de repente, por desconocimiento o tal vez, porque había
una fecha planteada, un domingo de seis a las seis; no obstante, aquella fecha quedaría
para siempre en la mente de quien en años contará la anécdota del inicio de una
nueva historia.
La doctora Mercado, tras una revisión a la fui que
invitado, sugirió casi de inmediato, pues antes dio revisión a unas notas en su
ordenador cuyos enigmas escritos podrían colocar a los pelos de punta, que debía
de realizar el proceso de cesárea lo antes lo posible por circunstancia que el bebé
podría tener dificultades en los siguientes días causa de su corto movimiento
(un truco de Santino para querer salir, es como cuando intentas manipular a
alguien o al sistema en su totalidad para lograr tu cometido) sin embargo,
atentos y oportunos a lo que dijera la doctora, escuchamos que la hora de la sesión
quirúrgica sería a las tres y tanto, algo que me tomó por sorpresa, no tanto a
mi pareja, seguramente porque andaba profunda haciendo eco a las palabras de la
médica; pero yo, en un lapsus, sazonaba en mi mente los supuestos y luego ella,
la madre primeriza, acudió a mí en un abrazo para hacerme entender sin palabras
que también comenzaba a producir supuestos en su mente y en consiguiente ambos
recogimos los celulares (como sirve la comunicación instantánea) para
comunicarnos con la familia y que ellos desarrollaran un plan de contingencia
de acuerdo a lo que se avecinaba.
Por suerte, tras unas llamadas a otros puestos en la clínica
para asegurar el cupo de la operación, tuvo que comentarnos que la hora pactada
sería las cinco y media, razón por la cual me sentí aliviado, creo que porque
los nervios y la ansiedad me produjeron estragos físicos, tales como sudoración
o un sentido de (no pavor; pero sí algo de incertidumbre) lo cual fue efímero,
pues al siguiente instante, cuando salimos de la cita, comenzamos a estar
calmados como debe y siempre ser, nos ofrecimos un abrazo, hablamos de hechos
puntuales, qué hacer, cómo hacer, a quien decirle o adonde ir, y poco a poco
estuvimos resolviendo tales asignaturas para tener todo listo y resoluto
mientras que el reloj marcaba casi las diez de la mañana.
Y yo que pensaba, Santino querido, que volvería a mi
casa y dormiría o escribiría un nuevo capítulo del diario; no obstante, parece
que el diario se empezó a vivir e igual, te lo aseguro, hallaré tiempos para
escribir.
Hablamos con tu abuelo que es doctor; aunque parara
como una bala por los establecimientos mientras que su madre y yo íbamos a paso
cansino tratando de adecuarnos a los procesos que empezaron inevitablemente en
un registro en el primer nivel, algo totalmente aburrido que no quiero
explayar; después nos vimos envueltos con la habladuría de una señorita que me pedía
(o exigía) el carné de identidad, uno que también vas a tener; aunque el tuyo será
amarillo, y lo divertido de esta escena (nunca la copies, genio) es que yo no traía
billetera, -lo que pasa es que estaba apurado y como dije arriba, pensaba solo
en ir a la cita, conversar un rato con la doctora, que nos dijera lo justo y
necesario y volviéramos a casa- sin embargo, tuvimos un evento nexo que fue
obviamente considerable y prodigioso porque era hoy (ayer) o quien sabe qué podría
suceder.
Santino, a veces algo travieso, eh. Bueno, no dejes de
serlo. Enseguida, precioso, tras acumular una seria de procesos, a tu madre la
subieron a su piso, el quinto, en una habitación de número 514 y yo estaba detrás,
obviamente, nunca lo dudes. Nos adentramos, para entonces era el mediodía y
tanto, nos acomodamos y recibimos la oración de una empleada (la misma que nos
condujo) y yo que no creo en nadie no tuve opción que ser parte; aunque no haya
orado ni nada por el estilo porque creo más en los doctores que en Jesús, quien
murió hace más de dos mil años. Tras tal situación, nos dejó a solas en un
completo relajo para adaptarnos a la habitación y no pasó mucho tiempo para que
llegaran tus otros abuelos y tíos, quienes conversaron un rato sobre diversos
temas, fue entonces cuando resolví volver a casa para darme una ducha, una
requerida, precioso, es que no puedo sentirme sucio o sudado, por el asunto de
las idas y venidas, entonces, fui a mi casa a conversar con tu abuela y tus
otros tíos, quienes junto a Dolly esperaban las noticias.
En tanto, luego de la ducha, el almuerzo y el reposo, decidí
volver en un taxi (estoy esperando la compra de un auto) pero pude llegar justo
a tiempo para que no faltara mucho para la ansiada cesárea y por ende tu
llegada.
Estoy describiendo los hechos según aparecen en
memoria para que no fuera tan denso o tedioso el argumento y se tratara de un
diario, ¿entiendes, precioso? Debido a ello ausento las analogías o metáforas y
únicamente me dedico a hablarte contándote las vivencias que seguramente vas a
escucharlas cientos de miles de veces en distintas maneras; pero nunca olvides
que esta (la mía) es la verdadera.
Admito que me sentía nervioso porque acababan de
comentarme que podría asistir a verte desde temprano, desde el nacimiento,
desde el punto en que naciste, entonces ida de un lado hacia otro como
trotamundos conociendo los distintos sectores de aquel cuarto piso de la clínica
mientras que tu mami se había adentrado en la sala de operaciones y
posiblemente me esperaba, algo que sentía, es como cuando sientes el amor en el
aire, seguro vas a comprenderlo pronto. Yo debía de estar y tuve la valentía para
estar, me dejaron entrar al cabo de unos minutos, todos sonrientes, carismáticos
e incluso emocionados, yo estaba, digamos, entre serio, nervioso y tímido, no
me culpes, es normal, y sin embargo, pudieron grabar, sacar videos y fotos,
todo lo referencia a tu llegada.
Tú estabas del otro lado mientras se encargaban de
curar a tu madre y yo tratando de no mirar esa situación me dedicaba a verte a
ti; pero estabas cubierto de doctores que te limpiaban y aseaban para que te
vieras precioso; aunque no dejabas de llorar (aquello es algo muy bueno, eh) y
entonces, me asomé un poco para verte y pienso que eras hermoso, realmente
precioso, una criatura divina creada por la naturaleza, el amor y la vida, me
dieron ganas de abrazarte, tenerte y besarte; pero no era prudente, por eso,
solo miraba y sacaba fotografías de la situación y el escenario para que
tengamos recuerdos de tu nacimiento. Yo pensaba, al tiempo que te miraba
moverte de ojos cerrados, el cordón salido siendo cortado y el lloriqueo en
señal de vida excelsa, que; aunque no pueda abrazarte en tal instante, voy a
tener la vida entera para amarte, Santino y no existe nada ni nadie que pueda
decir o afirmar lo contrario. Pienso que te volviste en un Dios para nuestras
vidas. Aquella es una gran verdad.
Luego, te llevaron a un sitio para recién nacidos
donde estuviste por algunas horas hasta que te relajaras y yo estuve de guardia
hasta que dijeron que al tiempo que la madre sube desde recuperación no ibas a
salir, entonces supuse que coincidir con tu madre y estar a solas un rato sería
prudente. Me fui a almorzar (o cenar) y al volver en una hora, junto a toda la
familia junta, te esperamos volver junto a tu mami, algo que ocurrió mágicamente
y nos regaló satisfacciones maravillosas que guardo por siempre en mi mente y
obviamente en las fotos.
Ella estaba muy emocionada de verte, feliz, contenta,
llena de vida y con ánimos de abrazarte, alimentarte y sentirte y yo en frente
contemplando la escena me di cuenta que el amor se define en ese momento.
Y, otros miles de millones que van a existir de ahora
en adelante.
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