Santino, 02 días de nacido.

Santino, a veces bebes leche materna que tu querida y hermosa mami te ofrece desde su pecho y por el hecho que andas medio despistado buscas con la boca el chupón para mamar, es un acto bonito, curioso, novedoso e incluso mágico del cual soy parte y contemplo asombrado y maravillado a pesar que se diga por las calles y el mundo que es algo absolutamente normal, que nunca te lo digan, porque debemos normalizar que existen hechos especiales, y el momento de amamantar es único como especial debido a que es un encuentro privado entre la madre y el hijo, un instante en que ambos se sienten enamorados y emocionados de tenerse, aquello respalda al amor que te sienten y los convierten en seres infinitos mientras que yo, por evidentes razones, estoy en frente ofreciendo aleluyas a tu nombre, lleno de alegría y amor por ustedes, enamorado de ti y de ella, amándolos en una sonrisa. Sabes que no soy tan eufórico; pero suelo llevar los sentimientos por dentro y mis acciones de amor son delicadas, honestas y justas, de las cuales, para ti, precioso Santino, son absolutamente todas porque yo no amo a nadie que no seas tú y tu madre. Eso siempre vas a tenerlo en cuenta.

Siguiendo con el cuento de ayer, estuvimos acompañados por tus abuelos, el señor Silva, un gordito alegre, y la señora Delia, quien respalda muy bien a su hija, además; vino una carismática señorita que nos simpatizó con su presencia y yo como siempre, yendo y viniendo con las enfermeras, una de las cuales, me hizo el favor de ayudarte a cambiar el pañal llevándome una muy locuaz sorpresa, pues, Santino querido, estabas lleno de caca, un popo impresionante y altamente oscuro, me pareció gracioso y curioso, e hice una pregunta por el color recibiendo una respuesta nada alarmante. Vi como lo hicieron, paso a paso, sentido a sentido y he aprendido, lo prometo, eh; aunque, evidentemente debo tener más práctica, porque dicen que la práctica vuelve al maestro y yo me voy a volver un maestro de los cambios de pañal de mi hijo (agrego risas) porque lo disfruto, me da satisfacción y debes estar tan limpio como yo. La limpieza, precioso, es fundamental, nunca lo dudes, mi vida. Mientras tanto, vimos una película, luego noticias, enseguida conversaciones suaves, risas por aquí y por allá; pero en todo momento observándote dormir placentero, a veces despierto con ganas de comer y comer y comer, y otras veces sencillamente moviéndote con esos dotes leves y tiernos que provocan besos que todavía no puedo darte; pero al menos son volados y con sonrisas amplias. E incluso, al momento en que te hablaba de cerca, mientras estabas con tu mami en el pecho, te vi sonreír, estirar una sonrisa linda, tierna y dulce, realmente hermosa y sumamente clara como verdadera.

Allí me di cuenta que entendías que yo, tu padre, soy el hombre que te llevará a la luna desde sus hombros y quien nunca jamás te dejará porque de mi vas a aprender absolutamente todo, y hablo de historia, literatura, religiones, filosofía, arte y por supuesto, fútbol. Conmigo, Santino, tienes a un padre ejemplar y yo siempre voy a estar para ti porque eres mi hijo especial (inteligente, guapo, lindo, tierno, locuaz, alegre e infinitas otras virtudes).

Somos un equipo, precioso. Tu madre, yo y tú, y nadie más.





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