El valor de las cosas, Santino.

La llegada a casa fue una tragicomedia, tus abuelos maternos me esperaban en la habitación, yo iba con mis padres rumbo a tu recojo, apresurado y entusiasta por verte de nuevo. Nos topamos en las instalaciones, recuerdo haber recogido hasta las flores que la madrina te trajo, y nos devolvimos por los pasillos de la clínica como quien se despide del sitio entre sonrisas y gestos ante las enfermeras hasta ubicarnos todos dentro de un mismo ascensor planeando el hecho de cómo regresar. Fácilmente nos dividimos, tu abuelo, quien es gordito se fue junto a mi vieja mientras que tu mami y la suya se vino conmigo en el auto que conducía mi viejo. En el camino hablamos bastante de ti hasta que tu mami, cansada y adolorida, se quedó dormida en el camino. Al llegar a casa, la que sería tu nuevo hogar hasta que consigamos uno independiente, sentí necesario el hecho de guardar un espacio para que tu madre y tú pudieran descansar. Sin embargo, al día siguiente vine a visitarte, y es lo que en entonces estoy realizando cada día y voy contando las historias que experimentamos mientras nos conocemos. Me di cuenta que la habitación era mucho más grande de lo habitual, con la cuna comprada por tu padrino, un edredón apetecible para descansar, una almohada de carrito, mantas blancas como nubes y detalles pequeños que se podrían usar para tu comodidad. Además, el color pastel de las paredes fue mi elección, el baño anda pulcro; pero es posible que todavía no lo uses, y existe una televisión que no capta tu atención sobre el mueble que contiene las prendas y accesorios que utilizas a diario. También habitan lugares donde se encuentran tus artículos de día a día tales como pañales, toallas húmedas y ciertas cositas para tu estabilidad. De repente, no te das cuenta lo confortable que es tu mundo, tu habitación y tu casa porque todavía eres un bebito que no entiende de materiales, de objetos o de artilugios; pero es parte de amarte que hemos aleccionado todo lo necesario para tu comodidad sin que lo pidieras, así, porque nace, ¿lo ves, Santino? Las personas que aman a sus seres lo entregan todo sin distinción, sin que lo pidan o exijan, solo porque quieren lo mejor para ellos, y no es porque seas un bebito por lo que no ponemos a prueba tu devoción por las cosas, más bien, cuando crezcas y las desees, también las tendrás, y siempre de la misma manera, por devoción y amor, tal cual, se realizan los hechos de amor. Ese ideal quiero que lo tengas presente porque tanto tu mami como yo nos esforzamos porque te encuentres en la tranquilidad absoluta que hasta incluso le bajamos el volumen a la televisión, apagamos las luces y no dejamos entrar a otros visitantes (que no sean familiares netos) para que te encuentres sano y salvo, cómodo y estable, tranquilo y en el sitio que sientas tuyo. Lo hacemos, precioso, porque te amamos, quiero que lo sepas a pesar que lo sientes, lo digo y muestro para que cuando crezcas le encuentres el valor a las cosas y aprendas a valorar lo que las personas que te aman hacen por ti. Solo por ti.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Tres meses

Feliz 3 meses, Santino

Moquillos del mal